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Protozoos

Tricomoniasis vaginal

Agente causal
Trichomonas vaginalis.

Distribución geográfica
La tricomoniasis es una parasitosis cosmopolita. Las cifras de frecuencia van del 10 al 25% en mujeres adultas. Sin embargo, puede llegar a cifras de 60 a 70% en población de mujeres que tienen varios compañeros sexuales con higiene personal deficiente y nivel socioeconómico bajo, así como en prostitutas y mujeres recluidas en prisión. Se ha calculado que sólo en 4% de los esposos o compañeros sexualmente activos se ha demostrado el parásito, quizá debido a dificultades técnicas para la obtención de la muestra. Con cierta frecuencia se le puede encontrar con otra infección adquirida por contacto sexual, como la producida por Neisseria gonorrhoeae. Es importante señalar que tanto en el hombre como en la mujer la incidencia de la tricomoniasis aumenta con la edad, siendo más frecuentemente observada entre los 15 y 50 años.

Fases de desarrollo
T. vaginalis es un protozoo que sólo presenta forma de trofozoito, es de aspecto piriforme y mide 7 a 30 mm de diámetro mayor por 4 a 15 mm de ancho; su citoplasma es granular, con presencia de vacuolas y un núcleo excéntrico con cromatina uniformemente distribuida. Por arriba del núcleo está situado el blefaroplasto, del que se originan 4 flagelos libres, que emergen por el polo anterior del parásito, y uno más, que forma una membrana ondulante y recorre una tercera parte del protozoo. Cerca del blefaroplasto, se originan 3 estructuras. Una de ellas es el axostilo, que recorre el centro del parásito; su extremo puntiagudo sobresale del polo posterior, formando en su salida el anillo cromático. Otra estructura es la llamada costa que no es más que material de reserva y recorre dos terceras partes del parásito, y finalmente el cuerpo parabasal con su filamento parabasal. T. vaginalis tiene citostoma pequeño o poco aparente.

Localización en el huésped
En la mujer, T. vaginalis se localiza habitualmente en vagina, uretra y en ocasiones vejiga y trompas de Falopio. En el hombre puede localizarse en uretra, próstata y vejiga.

Mecanismo de transmisión
Como T. vaginalis no presenta forma de resistencia (quiste), su mecanismo de transmisión es directo, generalmente por contacto sexual, estableciéndose en vagina y uretra. En el hombre se localiza en la uretra, próstata y vesículas seminales reproduciéndose por bipartición. Se ha mencionado que se puede adquirir mediante fómites (ropa, agua, toallas e instrumentos de exploración); pero esto es raro, ya que el parásito es poco resistente a los cambios bruscos de temperatura y pH del medio ambiente. Sin embargo, se han descrito casos de niñas y recién nacidas que pueden adquirir la parasitosis de la madre infectada, que las contamina durante el baño cuando lo realizan juntas o durante el parto en el segundo de los casos.

Manifestaciones clínicas
T. vaginalis contiene enzimas citolíticas de acción moderada, las cuales producen erosión de la mucosa vaginal con depósito fibrinoleucocitario e inflamación importante del corion a base de polimorfonucleares y predominio de eosinófilos en la submucosa; se pueden producir pequeñas hemorragias y vasculitis.

Se pueden presentar como formas clínicas la seudosalpingítica, la seudocancerosa y la urinaria. En la primera, existen leucorrea, induración de los fondos de saco vaginales y dolor pélvico y lumbar. La seudocancerosa se observa frecuentemente en menopáusicas con leucorrea mucopurulenta, estrías de sangre, disuria, polaquiuria y ardor vaginal; la urinaria se presenta con uretritis y cistitis. En las niñas con este problema predominan el prurito y la secreción vaginal. En las fases agudas de la infección, la leucorrea es blancoamarillenta o verdosa, y en las etapas crónicas es de color blanquecino, fétida y espumosa. El prurito vulvar puede producir irritación e insomnio; en cambio, el ardor a nivel de vagina ocasiona dispareunia. En embarazadas con la infección es frecuente observar edema y ulceraciones sangrantes del cérvix. El hombre puede presentar en la fase aguda uretritis, disuria, secreción uretral y prostatitis; en la fase crónica, hay discreto prurito, secreción uretral, prostatitis, disuria, nicturia y eyaculación precoz.

Diagnóstico
El diagnóstico etiológico de la tricomoniasis se realiza por examen directo y en fresco de la secreción vaginal observada al microscopio, obtenida con una pipeta de los fondos de saco vaginales laterales y posterior, debiendo tomarse en cuenta la menstruación, ya que es conveniente tomar, la muestra 4 días antes y 6 días después de esta. Es recomendable que la muestra se tome por la mañana y antes del aseo vaginal. También puede realizarse el estudio en la primera orina de la mañana, la cual se centrifuga y se toma muestra del sedimento, observándose, además de los parásitos, piocitos y células epiteliales. En el hombre, el examen debe realizarse de la secreción obtenida por la mañana antes de la primera micción. Si esto es imposible, se recurre al estudio del sedimento de orina obtenido por centrifugación o al examen de la secreción uretral obtenida por masaje prostático.

Cuando el número de parásitos es escaso y el resultado es negativo, se puede recurrir al cultivo en medios especiales, como el de Hollander. Es posible recurrir a técnicas inmunológicas, como la inmunofluorescencia. Empero, los métodos anteriores, y sobre todo si se fijan y tiñen las muestras, son suficientes para poner de manifiesto la presencia del parásito.

TRATAMIENTO
El metronidazol por vía oral en dosis de 40 mg/kg/día/5 días u óvulos vaginales durante 10 noches, así como el nimorazol por vía oral o vaginal, son los medicamentos de elección; sin embargo, no se recomiendan los imidazoles en embarazadas, sustituyéndose éstos por aplicación local de crema de clotrimazol. También dan buenos resultados el ornidazol y el secnidazol por vía oral. Se deben recomendar duchas vaginales con soluciones ácidas. En el hombre, también dan resultados satisfactorios los imidazoles.

Prevención
En la mujer es importante la higiene personal. En el hombre, el uso de preservativos y el tratamiento oportuno de la infección en la pareja sexualmente activa reducen el riesgo de infección.

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